El arte de la novela: Polifonía en Milan Kundera

Fotografía: Lucía Portocarrero

“Todas las grande obras (y precisamente porque lo son) contienen algo incumplido.”

            “El arte de la novela” está compuesto por siete textos cuyo objetivo es iluminar las ideas de Milan Kundera acerca de la novela, desde sus albores en la edad media hasta nuestro tiempo, en el que muchos la consideran un género agotado.

            El autor expone en más de una ocasión su definición de novela. Por un lado, la presenta como la gran forma de la prosa en la que el escritor, mediante egos experimentales (personajes), examina hasta el límite los temas de la existencia. De este enunciado se desprende una de sus ideas centrales: los verdaderos novelistas no son portavoces de sus propias ideas, sino que oyen lo que él llama sabiduría de la novela. Es así que llega un punto del proceso creativo, en que el novelista no es sino un sirviente de una inteligencia superior. Dicha inteligencia le muestra un camino nunca conocido de antemano, sino elaborado por la travesía vital y aislada de la obra de arte.

            Según Kundera, es al comienzo de la Edad moderna cuando esta emancipación inicia su trayecto. Cita como ejemplo al Quijote y su búsqueda infructuosa de verdades, cuyo efecto no es sino un latigazo por parte de la ignorancia: la verdad de su propio yo se les va de las manos. Es a partir de ahí en que los novelistas emprendieron un nuevo arte novelesco donde las verdades quedaron de lado. ¿Quién es capaz y tiene el derecho de juzgar con acierto a alguien? ¿Es Emma Bovary una vulgar mujer infiel, al igual que Ana Karenina? Tales juicios (o intentos de juicios) quedan al margen de una actividad que solo pocos son capaces de poner en práctica: la comprensión sin más.

            ¿Pero vivimos en una época donde comprender al otro es algo factible?

            A esta pregunta puede responderse con una tesis ciertamente nefasta planteada en “El arte de la novela”: coexistimos en un tiempo donde no es necesario plantearse ni replantearse nada. Los medios de comunicación actúan como un gran poder invisible que modela la vida fácil y encasillada del ser humano. Pero no ejercen tal condenable labor con la batuta del líder supremo, pues este honor, según Kundera, está reservado para el KITSCH, otro de sus temas preferidos.

            ¿Qué es el Kitsch?

            En el discurso pronunciado al recibir el premio Jerusalén, el autor checo refiere lo siguiente: La palabra Kistch designa la actitud de quien desea complacer a cualquier precio y a la mayor cantidad de gente posible. Para complacer hay que confirmar lo que todos quieren oír, estar al servicio de las ideas preconcebidas. (…) Hoy, la modernidad se confunde con la inmensa vitalidad de los medios de comunicación de masas, y ser moderno, significa un esfuerzo desenfrenado por estar al día, estar conforme, estar más conforme aún que los más conformes. La modernidad se ha vestido con el ropaje del Kitsch.

            El texto denominado “En alguna parte ahí detrás” está abocado principalmente a Franz Kafka y su obra. Mucho se ha dicho sobre el significado de trabajo del autor de “La metamorfosis”, pero, como bien menciona en esta sección, sus estudiosos terminan muchas veces anexando ideas que el autor no preconcibió ni en sus más profundos pasajes oníricos. No hay en Kafka un compromiso con lo social, político e ideológico, sino una independencia total a estos conceptos. ¿Cómo puede explicarse, entonces, aquella cualidad profética de sus obras en torno a la sociedad? Kundera lo plantea de una manera simple: el autor supo ver “en alguna parte ahí detrás”, y con ello hacía referencia a la maquinaria que acciona su poder tanto en lo casero y cotidiano como en lo global y absoluto. Tal maquinaria alude, sencillamente, a las posibilidades del hombre en tanto a su condición. Kafka estaba obsesionado con la violación de la soledad en tanto “paz” personal. En sus relatos aquella paz se ve mellada por un poder gigantesco al cual no está permitido conocer, pero que simplemente es. En esta sección, Kundera reflexiona sobre Kafka para poner de manifiesto su idea sobre la labor del poeta (artista) como vocero de la humanidad.     

            Un aspecto fundamental de “El arte de la novela” es su forma polifónica. Milan Kundera es un autor siempre consciente de la influencia musical en la novela y su forma. La polifonía es una forma composicional que se basa en el desarrollo de dos voces (melodías) al mismo tiempo. Si bien la jerarquía de cada voz es independiente, ambas melodías confluyen en un todo único que conforma la otra. Así pues, en la novela se aplica el mismo principio. Una novela puede contarse de forma lineal o a servirse de diversos elementos que le brindan variedad, tales como el poema, el reportaje, monólogo interior, y un largo etcétera. Es aquí donde el autor hace referencia a Hermann Broch como uno de los revolucionarios en la forma novelesca al incluir diferentes géneros que conforman la polifonía en la novela. Incluso si los personajes dentro de una misma novela no llegan a cruzarse ni conocerse, la unidad de la obra es capaz de mantenerse si los enlaza un tema en común. “El arte de la novela” no es ajeno a esta forma de composición. Entre los siete textos encontramos entrevistas, ensayos, aforismos y un discurso, cuya unidad temática gira alrededor de la novela. Esto debido a la temprana formación musical que el autor checo recibió desde casa —su padre, Ludvík Kundera, fue musicólogo y pianista— y como estudiante de musicología y composición.

            En definitiva, “El arte de la novela” es una lectura infaltable en la cabecera de cualquier lector consciente y escritores en proceso. Bajo su aparente sencillez prosaica resguarda una brillantez exquisita de uno de los mejores autores contemporáneos, pues, como él mismo menciona: Pretendo que mis libros sean divertidos, fáciles de leer y difíciles de comprender: Porque detesto los libros difíciles de leer y fáciles de comprender.

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"Y si leo, si compro libros y los devoro, no es por un placer intelectual —yo no tengo placeres, sólo tengo hambre y sed— ni por un deseo de conocimientos sino por una astucia inconsciente que recién ahora descubro: coleccionar palabras, prenderlas en mí como si ellas fueran harapos y yo un clavo, dejarlas en mi inconsciente, como quien no quiere la cosa, y despertar, en la mañana espantosa, para encontrar a mi lado un poema ya hecho."

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